domingo, 26 de mayo de 2013

ZENOBIA. LAS CIUDADES SUTILES. 2


Ahora diré de la ciudad de Zenobia que tiene esto de admirable: aunque
situada en terreno seco, se levanta sobre altísimos pilotes, y las casas son de bambú y
de zinc, con muchas galerías y balcones, situadas a distinta altura, sobre zancos que
se superponen unos a otros, unidas por escalas de cuerda y veredas suspendidas, 
coronadas por miradores cubiertos de techos cónicos, cubas de depósitos de agua,
veletas, de los que sobresalen roldanas, sedales y grúas.
No se recuerda qué necesidad u orden o deseo impulsó a los fundadores de
Zenobia a dar esta forma a su ciudad, y por eso no se sabe si quedaron satisfechos
con la ciudad tal como hoy la vemos, crecida quizá por superposiciones sucesivas del
primero y por siempre indescifrable diseño. Pero lo cierto es que si a quien vive en
Zenobia se le pide que describa como vería feliz la vida, es siempre una ciudad como
Zenobia la que imagina, con sus pilotes y sus escalas colgantes, una Zenobia quizá
totalmente distinta, flameante de estandartes y de cintas , pero obtenida siempre
combinando elementos de aquel primer modelo.
Dicho esto, es inútil decidir si ha de clasificarse a Zenobia entre las ciudades
felices o entre las infelices. No tiene sentido dividir las ciudades en estas dos
especies, sino en otras dos: las que a través de los años y las mutaciones siguen
dando su forma a los deseos y aquellas en las que los deseos o bien logran borrar la
ciudad o son borrados por ella.

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