domingo, 26 de mayo de 2013

LAS CIUDADES Y EL NOMBRE. 1


—De ahora en adelante seré yo quien describa las ciudades —había dicho el Kan—.
Tú en tus viajes verificarás si existen.
Pero las ciudades visitadas por Marco Polo eran siempre distintas de las pensadas por
el emperador.
—Y sin embargo, he construido en mi mente un modelo de ciudad, de la cual se
pueden deducir todas las ciudades posibles —dijo Kublai—. Aquel encierra todo lo que
responde a la norma. Como las ciudades que existen se alejan en diverso grado de la norma, me basta prever las excepciones a la norma y calcular sus combinaciones más probables.
—También yo he pensado en un modelo de ciudad de la cual deduzco todas las otras—
respondió Marco—. Es una ciudad hecha sólo de excepciones, impedimentos, contradicciones, incongruencias, contrasentidos. Si una ciudad así es cuanto hay de más improbable, disminuyendo el numero de los elementos fuera de la norma aumentan las posibilidades de que la ciudad verdaderamente sea.
Por lo tanto basta que yo sustraiga excepciones a mi modelo, y en cualquier orden que
proceda llegare a encontrarme delante de una de las ciudades que, si bien siempre a modo de excepción, existen. Pero no puedo llevar mi operación más allá de cierto límite: obtendría ciudades demasiado verosímiles para ser verdaderas.


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